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Puede que haya algunos spoilers en lo que sigue. Lean bajo su propio riesgo.
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Me dicen que Synechdoche, New York, la película de Charlie Kaufman (Quieres ser John Malkovich, Eterno Resplandor de una Mente sin recuerdos), fue un fracaso de taquilla y de crítica. Y debe ser así nomás, porque ni siquiera va a estrenarse en cine por estos lados, y quién sabe, tal vez tampoco en DVD. Y eso significa que, pocos, muy pocos la verán y eso, por alguna razón, me parte el alma.
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Es un lugar común, hablar de, por ejemplo, la gran novela americana, esa especie de ballena blanca a la que viejos y nuevos marinos de las letras tratan de dar caza, siempre dispuestos a hundirse con sus barcos herzogianos. Se habla menos, si se habla, de la gran película americana. ¿Americana? ¿Por qué sólo americana? ¿Que tal la gran película del alma moderna? Eso pretende ser Synechdoche ¿Ambiciosa, no? ¿Megalómana, cierto? Es además, larga, enrvesada, barroca, la gente tiene problemas para pronunciar su título, y es tal vez la película más depresiva y deprimente de la historia del cine. Qué duda, cabe, Synechdoche hizo todo lo posible que para que se la castigara como, me aseguran, se la castiga. Aunque hay excepciones. La revista Time la llama una “película milagro” o un “milagro de película”, como prefieran, y los espectadores –al menos según IMDB- se dividen entre quienes la aman y quienes la odian. Y siempre es más fácil odiar, claro, y decir que es malo o torpe aquello que nnos perturba o nos hace reventar de envidia.
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¿Qué tan grande es Synechdoche? Mucho. Grande como el mundo, al que quiere abarcar. Es la película que Kafka y Beckett hubieran querido hacer. La película que David Lynch ya no podrá hacer, la que Michel Gondry y Spike Jonze (directores de las otras películas de Kaufman) –dicen- no se animaron a hacer. Y hay un poco de todos ellos en la película, pero lo que me parece innegable, es que Synquecdoche, New York es un homenaje, nada velado a Steven Millhauser, a quien se cita de diversas maneras a lo largo de la película arrastrando, un poco de prepo a Borges.
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El protagonista de Synquecdoche es Cadem un director de teatro que ha tenido un modesto éxito, pero que en el fondo, siente que no le queda mucho por vivir (es un hipocondríaco irremediable además de depresivo clínico) y que no ha hecho mucho tampoco que el mundo vaya a extrañar. Acaba de estrenar La muerte de un Viajante -ese otro célebre golpe al mentón sobre la vida y la muerte-, y su esposa, una artista de las miniaturas (Millhauser), lo está abandonando de a poco. En la peor crisis de la mediana edad que se recuerde, Camden decide emprender la obra de su vida, una pieza grande, enorme, megalómana que de a poco reemplazará al mundo (Millhauser, Borges).
La pieza es también un lugar común, pero se vuelve desmesurada y llena de meandros: es la representación perfecta de su vida, y sinecdoque mediante, de todos los hombres. Una especie de muerte de un viajante lisérgico. Pues aunque no se dice, la muerte –artística, espiritual, biológica, se respira desde el primer fotograma. A modo de ejemplo, todas las escenas de la vida del dramaturgo deben ser llevadas al escenario, pero el camino es largo, e interminable, lleno de complicaciones y callejones sin salida, cada paso hacia adelante, es al mismo tiempo un paso atrás y en todas direcciones (Kafka). Inevitablemente, el propio proceso de producción de la obra, debe ser, a su vez representado, y esta representación, representada a su vez. Y así se multiplican y se confunden los escenarios, y se cruzan y confunden los personajes y lo que sucede en uno de estos universos paralelos afecta inevitablemente al otro –por ejemplo, el abandono de la amante del dramaturgo en la ficción conduce al abandono real en la película, o a la inversa, circunstancias, claro, dignas de ser representadas, lo que deriva en un nuevo giro de timón.
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¿Pero hacia dónde? El barco está a la deriva, no hay puerto a dónde llegar ni ballena blanca que cazar. Tal vez nunca los hubo. Como sea, estamos ahora en medio del océano tormentoso, y los años pasan, y las décadas incluso, pasan, y allí estamos a bordo de ese barco desquiciado que sólo puede reventarse contra un risco, o hundirse en silencio.
Como sucede con las miniaturas o los parques, museos y hoteles de Millhauser, como los laberintos de Borges, como los pasillos y patios de Kafka, el mundo de Synechdoche es un mundo de cajas chinas, de movimientos por un espacio infinitamente divisible, de parálisis y de fracaso. Pero también, de un conmovedor y secreto triunfo.
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Para decirlo sin rodeos, creo que Synechdoche es la obra de un genio, que podría pasear al lado de Kafka sin ser fulminado por su mirada o el tamaño de sus orejas. Porque puede que synquedoche, sea una película sobre el fracaso, y que, por el tamaño mismo de sus ambiciones haya estado destinada a reventarse contra un iceberg, pero, milagro de milagros, un hombre de genio tenía el timón en sus manos, un Ahab con la puntería de Guillermo Tell, capaz de distraer con un flechazo en la manzana mientras la otra flecha, la verdadera, ya ha partido en trayectoria directa al corazón.
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Kaufman se propuso con Syneqodche –como la muerte de un viajante, la primera de las cajas chinas- hacer la película sobre el alma humana y ¿saben qué?, la hizo. Mezcló tanto los planos de la representación y la realidad, el arte y la vida, la locura y la desesperanza, que, con paciencia fue preparando un último y desesperado salto, se guardó una última y definitiva mamushka. Lo que da en el blanco, lo que nos conmueve, me parece de Synecdoche, no es tanto la suspensión del descreimiento, el infortunio ficticio del dramaturgo, sino la perturbadora y a la vez, reconfortante idea de que ese tipo existe realmente –aunque no podamos decir que goza de buena salud-, y que su obra finalmente llegó a destino (si bien nada apacible), y que en definitiva, una obra tan grande como contar el alma moderna sólo se puede contar de forma indirecta, es decir, sólo se puede contar si al mismo tiempo se hace.
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Y seguiría, pero no quiero arruinársela a nadie
Hola, Sebastián
hace poco la vi, esta peli, siguiendo lo que dice el desasosiego.
Perdón por disentir tan dolorosamente. La peli me pareció horrible. Ciertamente tiene un planteamiento genial, pero el personaje es tan cursi y amanerado que resulta insoportable. Carece de humor. Es como el canto último del existencialista adolescente, cuasi emo. Más bien completamente emo. Lo de las cajas chinas, sí, genial. un antecedente, pirandello, le queda como demasiado grande.
Pero bueno. Es la primera impresión. En un año o dos la veré de nuevo.
saludos
Comment por e. r. — Agosto 19, 2009 @ 11:17 pm
Hola: Perdón por la demora en responder. Es curioso como la película genera opiniones encontradas. Sí aclaro que no me parece una obra perfecta y que no será del gusto de todos. También es cierto que el título del post es algo provocador, lo cual non quiere decir que no lo sostenga (como opinión, claro, no como resultado de una teoría literaria o cinematográfica). Concederás supongo que al menos es una obra infrecuente por su ambición, auqnue para vos no haya logrado lo que propone.
Para mí, por suerte, sí lo hace. Emo, puede ser, adolescente, no lo creo la verdad. Hay para mí algo conmovedor en la negativa del personaje a tomar consciencia de la inutilidad del arte y hundirse de a poco en la realizaciónd de una obra. No sé si un adolescente entiende, y me refiero, a entender de verdad, las consecuencias de esa inutilidad. Como dice Woody Allen: “El sexo es una cosa superficial, pero de las cosas superficiales es la mejor”.
Claro, también puede ser que yo sea un poco adolescente, y si no emo, al menos un tanto melancólico. Como sea: un placer discutir con vos.
Comment por Sebastián — Agosto 25, 2009 @ 10:33 pm
Otra cosa:
Es interesante lo que decís sobre la falta de humor, y la verdad no sé bien qué opino sobre eso. Fluctúo más bien. Creo que sin humor, la obra de Beckett, por ejemplo, sería mucho más pobre. Otras veces, me parece que el humor distrae o da concesiones, y entonces, prefiero, por ejemplo, a Thomas Bernhard en sus momentos de implacable y autoproclamado paladín de la justicia (pero otras veces es muy gracioso, amargamente gracioso). En cuanto a la película, tal vez se hubiera beneficiado con algo más de humor, es cierto, y en ese sentido, el título me parece muy mal elegido.
Comment por Sebastián — Agosto 25, 2009 @ 10:41 pm
Hola, sebastián
no creo que tenga nada que ver que se requiera una visión adolescente para percibir intensidad en la película. más bien lo veo al revés, con adolescencia es que se disiente del ritmo que plantea.
uno ve películas, en mi caso, con ese hambre de que la visualización argumental lleve cargados detalles de cambio, evolución, sorpresa, esas cosas banales que conforman un poco el mapeo del espectador medio-medio. el caso es que esta peli es obsesiva, revoltosa, en un tema que quizá, digo, se toma ya como un hecho fáctico y no producto de algo, como que caímos a este mundo de máscaras y ya está, hagamos entonces la gran máscara. aunque nada de esto se diga sino que está dado de antemano cualquier filosofía. da la sensación de que para crear al personaje no se buscó un aura humana, contradicciones y flojeras, ese tipo de cosas, y tampoco se hizo algo guiñolesco. se agarró una cosa de un tipo, una obsesión y se puso ahí. su predisposición inicial hacia la muerte y su depresión que uno no sabe muy bien de dónde viene porque ya está dada y uno no tiene más ver lo que hay.
los sutiles cambios que uno ve en el personaje son más bien en la estética de la composición de la película que se proyecta.
me siento como el paladín de la amargura, citando un poco lo que decías de bernhard.
El gran emo berhard, por ejemplo, es un dictador. un tipo perverso que te endilga la enfermedad de vivir con una intensidad que si no seguís a veces resulta beneficioso, pero que no podés no seguir porque la voluntad del narrador pesa pues trae consigo la vorágine de una subjetividad crítica, mordaz, volteriana, moralista al extremo, es decir como si fuera un superyó tarado tarareando a shoemberg más que un proyecto estético.
¿Es posible ser más seductor?
en cambio esta película es por sobre todo, pues no se ahonda si no que se escenifica, un proyecto escénico carente de todo eso emofílico bernhardiano.
hay que decir que las partes en que la obra se hace en el camino, cuando los persajes le dicen qué hay que agregar y qué sacar, y el autor-personaje no hace más que seguir estos consejos, son buenísimos. y también la idea de que uno pone y pone y no sabe bien para dónde irá a parar todo ni por qué lo está haciendo.
tiene escenas geniales, aunqe la película era larga. apenas la vi escribí el comentario.
la verdad es vergonzoso tener que hacerlo así, hubiera preferido que borres el comentario, pues está malumorado y nada más, y hasta es maleducado si se mira bien.
por otra parte, hay tan poca gente que te tira dinamita que es un placer. esto lo digo más bien por tu defensa, pues mi ofensa es más pispireta.
un saludo
Comment por e. r. — Septiembre 1, 2009 @ 11:07 pm