Si tuviera alma, sería para la literatura, pero no tengo. La vendí tres veces y ya nadie la quiere.
Escribo poco, y nada en un idioma pasado de moda. El único que apredí para escribir y para ser. Traté eso sí de hablarlo con cuidado, y por qué no, de sacarle brillo alguna vez, como un lustrabotas que se esmera para mejorar su propina. Pero el objeto de tanto esmero no deja de ser un par de zapatos, ajenos, para peor. También mis zapatos brillantes son sólo zapatos, que algún despistado puede mirar como se mira el brillo de un zapato, con ligereza y desencanto. Ay, ya quisiera yo haber sacudido el suelo de alguien con el martillo, pero me dicen que el martillo es pesado para mí, y yo lo creo (ahora dicen que para ser escritor, hay que escribir).
Durante el día tengo una ocupación en apariencia trivial pero nada desdeñable: como tantos otros, echo, basura al mundo, y en el proceso, puedo ser bastante desgraciado. Pienso entonces que lo único que se hacer es escribir en mi idioma, pero me voy a la cama y espero en silencio el nuevo día. Al que le gusten mis zapatos, que sea bienvenido. Pero que sepa también que no sirven para andar.
quiero escribir pero me sale espuma…
éste mi caso.
comentario por e. r. — Junio 2, 2009 @ 5:57 pm
no entendí que significa tirar basura al mundo…
comentario por Helena — Junio 3, 2009 @ 3:10 am
Helena:
Sí, no es muy precisa la expresión. Digamos que Tirar basura al mundo es una categoría general que adopta muchas formas. En mi caso, es “producir” información que a nadie sirve, es decir llenar de ruido que nada deja y nadie quiere. Gracias por pasar.
comentario por Sebastián — Junio 10, 2009 @ 12:46 am
Pero e.r…. esa es una gran imagen de la esterilidad literaria. Gracias por comentar.
comentario por Sebastián — Junio 10, 2009 @ 12:47 am