Condena y redención del emoticón en 22 líneas
Es posible que alguna vez, en algún, lugar el debate de y sobre apocalípticos e integrados haya tenido algún sentido. No es hoy, ni es aquí. Este fugaz viaje en el tiempo sirve, sin embargo creo yo para juzgar mejor este post:
No practico el emoticonismo. Quería compartirlo. No me gustan los emoticones. Nada, ni un poco. O tal vez sí, tal vez un poco, tal vez sólo esos muy sencillos que alguien inventa un día con los signos ortográficos y que al principio parecen cualquier cosa pero después te das cuenta que la barra es una especie de bigote o que el acento es una ceja, arqueada en señal de sofisticación o escepticismo, y que todas esas porquerías te transmiten un hondo sentimiento humano que de otra forma no conocerías, no por la palabra, no por la mera tipografía, porque la cicatriz, bien mirada, es decir sin parpadear, se vuelve una cicatriz moral, una huella de la historia sobre una subjetividad vacilante, alguien sufre detrás de esa cicatriz, y entonces decís, “fijate como ese bigote o esa cicatriz pone en juego tantas emociones, el emoticón transmite realmente emociones, y yo acá, lo más tranquilo”, o ese signo raro que nunca sé cómo hacer pero que expresa la negación de las proposiciones matemáticas, y es como una ene o el sombrerito de la ene, que la transforma en una eñe, o como un fideo que se contorsia y se deja caer al piso, y que se me hace, pienso ahora, representa un fruncimiento que puede significar desagrado, o incluso una duda, y la duda, la duda en serio, no es nunca digital sino analógica. Así sí que sí, por ahí me gustan los emoticones. Qué va, me encantan.
Ayer encontre esta serie de blog literarios y me han gustado mucho, voy a venir seguido a leer por ahí.
y si un asco los emoticones, sobre todo los que no hace uno, jiji, de motus propio tirando con gmai.
salud, paso a leer.
Comentario por zobeida — Abril 29, 2008 @ 9:15 pm
Gracias, serás bienvenido.
Comentario por korrector — Mayo 12, 2008 @ 11:43 pm